Cristina Grande en El periódico de Aragón


Una mirada de cine

NATURALEZA INFIEL. Cristina Grande (RBA)

Naturaleza infiel está formada por pequeñas historias que, en su conjunto, hacen una historia más grande. Cada fragmento va aportando algo al resto hasta que todo queda reconstruido como una vasija que se hubiera roto. Es el intento, a través de la figura de una madre, de reconstruir y rehacer una vida familiar distinta tras la muerte del padre que lo desequilibra todo. El éxodo obligado del pueblo a la ciudad en plenos años 80, cuando cada cual se veía en al trance de inventar la vida con las libertades sobrevenidas de golpe. Las dos hijas que de alguna forma permanecen unidas más allá de los azares propios.

Renata es la que narra en primera persona, es la voz, es la forma de escribir de Cristina Grande, la mujer atenta al detalle instantáneo, ojos de fotógrafo a la que salta, para captar, aunque fuera de forma abrupta, la esencia de las cosas. Pero también, dice ella, "es la forma de mirar de los que hemos visto mucho cine". El cine como un viaje introspectivo en el que "veíamos lo que queríamos ser, incluso tomábamos frases del cine que te ayudaban a vivir con otra perspectiva", para rematar: "El cine es casi lo que nos ha salvado la vida".

Muchos críticos llaman crueldad a esa forma escueta de escribir de Cristina Grande, cuando deberían en realidad elegir la palabra crudeza para esa forma de decir las cosas de forma clara y desnuda. Ni tampoco los personajes son crueles por actuar "quizá descaradamente o sin mucha amabilidad". Hay cosas muy misteriosas, como esa persistencia en la elegancia y la dignidad aunque sean construidas a partir de la tristeza, pase lo que pase. El lirismo de lo que no tiene brillo, y el humor "más monegro que negro" que ya estaba en los dos libros de relatos anteriores a esta novela.

Cristina Grande no tiene ninguna prisa literaria y espera paciente a que ante ella, aparezcan temas o ideas o intuiciones, para dejarlos escapar, a veces, o atrapar al vuelo "como si fueran mariposas que pasan y a veces se escapan; otras veces los vas como atrapando y los recompones", explica. Sólo así es posible ver lo que para cualquiera sería invisible. Pero además, consciente de ese don recibido, tan lejano a las ocurrencias, su lenguaje es sencillo, casi místico.

La portada del libro es una foto tomada hace muchos años por su padre, ya fallecido, y forma parte del archivo familiar. Tiene ese misterio capaz de ponernos a cavilar antes incluso de abordar la lectura. Y ya dentro de las páginas, (Renata y María son gemelas, María es alta y triste, distinta y hay un hermano fantasmal) comienza el mundo de sobreentendidos, de miradas y silencios, de amores y desengaños. Y de reflexiones llenas de contención porque, "como en la vida, los silencios son tan importantes como lo que se dice". Pero aquí no se trata sólo de omitir sino de concentrar, sin adornos, pero sabiendo que "sólo existe auténtico pensamiento cuando se expresa con palabras".

ROBERTO MIRANDA

rmiranda@aragon.elperiodico.com 

Cristina Grande en el diario Público


Cristina Grande da el salto hacia el gran público con su primera novela

EFE. Considerada una escritora de culto por sus relatos y sus artículos de prensa, Cristina Grande se dispone a dar el salto al gran público con su primera novela, "Naturaleza infiel", en la que los lectores hallarán "una parte de nuestra vida en una España que hemos sufrido y superado".

La novela cuenta las primeras décadas de la vida de Renata, narradora de una historia que protagoniza junto a su hermana melliza, María, y su madre, tres mujeres que acabarán trasladándose de su pueblo a Zaragoza tras las muertes de su abuelo y su padre, y de la marcha del único hermano a Madrid.

Escrita en capítulos rápidos, con frases cortas y un estilo sintético, "Naturaleza infiel" (RBA) "tiene algo de arqueología", porque está compuesta por pequeñas historias que encajan como los pedazos de una vasija reconstruida, explica Cristina Grande (Lanaja, Huesca, 1962), en una entrevista con EFE.

La autora refleja la evolución experimentada por España desde el final del franquismo hasta nuestros días a través de las vidas de Renata y María, nacidas en el "baby boom" de los años sesenta, y de su madre, una mujer "demasiado moderna" para el pueblo al que se trasladó tras su boda.

La historia cuenta con otros personajes femeninos, como la abuela y la empleada de hogar, pero "Naturaleza infiel" no es una historia de mujeres -advierte su autora-, ya que los hombres (el padre, el abuelo, el ex novio de Renata), pese a su ausencia, actúan como "contrapeso y mar de fondo", por lo que "son tan importantes o más" que las protagonistas.

El lector encontrará en los personajes de "Naturaleza infiel" a "alguien que conoce" y entrará en "un mundo familiar, no porque se refiera a una familia, sino porque le resulte cercano", explica la escritora.

No se trata de una novela autobiográfica, a pesar de que Cristina Grande pertenece a la misma generación que la protagonista, con quien, sin embargo, asegura no compartir la desesperanza que envuelve al personaje y que provoca la infidelidad a la que se refiere el título del libro.

"Yo sólo creía en el café por las mañanas y el amor por las noches", proclama Renata en una de sus frases lapidarias de la novela, en la que en otro momento vuelve a dejar constancia de su escepticismo vital afirmando: "El esfuerzo sigue pareciéndome un timo".

Renata buscará en las relaciones sentimentales y el sexo una forma de llenar su vacío existencial, mientras que su hermana emprenderá un camino de autodestrucción a través de las drogas.

La novela tiene el 23 de febrero como fecha tótem en la que ocurren grandes acontecimientos en la vida de Renata, como su primera experiencia sexual, que coincidió con el intento de golpe de Estado de 1981.

"El 23-F tomamos conciencia de que formábamos parte de una sociedad que podía estar en peligro. Recuerdo que aquella noche me hice mayor", afirma Cristina Grande, autora de dos libros de relatos, "La novia parapente" y "Dirección noche", y que desde hace seis años escribe en El Heraldo de Aragón columnas de opinión, una selección de las cuales se publicarán en el diario bonaerense Clarín.

La llegada a los hogares de los televisores -primero en blanco y negro; luego, en color-, los abortos en Londres y la irrupción del sida van surgiendo durante las 142 páginas de "Naturaleza infiel" como testimonio de las últimas décadas de España.

Un periodo en el que, según la escritora aragonesa, "quienes más han cambiado han sido nuestros padres, a los que habría que hacer un monumento, porque venían del franquismo y, cuando llegó la democracia, quisieron ser modernos y que sus hijos fuésemos libres".

Cristina Grande recuerda que algunos de aquellos primeros jóvenes educados en democracia quedaron en el camino a causa de las drogas, el sida y los accidentes de tráfico, pero defiende que aquella experiencia "al final no ha salido tan mal".

LEE LA NOTICIA 14/04/08

Cristina Grande en el Heraldo de Aragón

Cristina Grande debuta en el campo de la novela con 'Naturaleza infiel' 
La escritora aragonesa defiende que el personaje se manifiesta ante el lector a través de reflexiones llenas de contención porque, "como en la vida, los silencios son tan importantes como lo que se expresa explícitamente".

EUROPA PRESS. Madrid
La escritora Cristina Grande (Huesca, 1962) debuta en el campo de la novela con 'Naturaleza infiel' (RBA), un relato escrito en primera persona por Renata, una joven que narra los recuerdos de las tres últimas décadas de su vida junto a su familia, "un auténtico matriarcado", donde se desarrollan las experiencias vitales de su madre y su hermana gemela.

La escritora defendió, en una entrevista, que el personaje se manifiesta ante el lector a través de reflexiones llenas de contención porque, "como en la vida, los silencios son tan importantes como lo que se expresa explícitamente".

Para Grande, no se trata sólo de omitir sino de concentrar, "de aglutinar las ideas sin adornos redundantes". Así queda reflejada la protagonista, que escribe para poner orden en su vida ya que, según explicó, "sólo existe auténtico pensamiento cuando se expresa con palabras".

Naturaleza no tan fiel

"Renata es un personaje que, en medio de sus contradicciones, no es tan infiel como aparenta", sentenció. La voz de la protagonista podría extrapolarse a la de toda una generación, como fue la suya, que "aprendió a madurar demasiado tarde, que pasó de la dictadura al encuentro con la libertad de manera brusca y que intentó darse a sí misma sus propios parámetros de orientación", apuntó.

La novela no tiene tanto de autobiográfico como pudiera percibirse. La escritora admitió que "la voz en primera persona siempre hace imaginar esto al lector aunque admitió que en todos los personajes se encuentran atisbos de su propia vida".

La novela está repleta de frases lapidarias como "Mi madre se ocupó siempre de arreglar mi vida práctica pero nunca de mi alma" o "Mi madre ordenaba armarios porque no sabía como ordenar su vida" o "Mi madre preguntó a su empleada de hogar si era posible que una mujer tuviese dos hijos gemelos de dos padres distintos a lo cual Matilde no supo qué responder". Para la autora, estas frases son sólo algunos ejemplos que corroboran otra frase que define a la protagonista: "La duda es lo último que se pierde".

Pero, para Grande, al final, la gente que construye el mundo es la que lo hace con hechos, y eso, que tanto les costó a estas dos hermanas, queda patente en la figura de su madre, "que se enfrenta con gran coraje a la realidad trágica en la que viven, todo un ejemplo de entereza".

La fotografía, la música y el cine

'Naturaleza infiel' también muestra la transición del campo a la ciudad, en este caso de pica a Zaragoza, como vivieron tantos hogares antes y durante la Transición, "lo que para muchos fue un cambio marcado por la desorientación y la falta de parámetros de una España nueva y distinta que se empezaba a construir".

La novela está repleta de referencias musicales y cinematográficas porque para Cristina Grande, el cine fue esencial para esta generación de jóvenes ya que "les abrió ventanas a mundos fascinantes llenos de libertad y la música se convirtió en la banda sonora de nuestras vida", apuntó.

La aparición de la fotografía como afición en el padre de la protagonista es un homenaje al padre de la autora, que le transmitió este legado y le descubrió "una herramienta que ayuda a dejar constancia de historia de cada uno y a expresar lo que no se puede con las palabras. De hecho, la fotografía que ilustra la portada la hizo él", adimitó.

La escritora, que había publicado con anterioridad dos relatos de cuentos 'La novia parapente' y Dirección noche' (ambos publicados por la editorial Xordica) señaló que tiene otras dos novelas en mente para el año que viene que tratará de compaginar con la escritura de nuevos cuentos. 

Jose Andrés Rojo sobre Naturaleza infiel en "El rincón del distraído" en elpais.com

Camino del precipicio

José Andrés Rojo

En Naturaleza infiel (RBA), Cristina Grande cuenta la historia de Renata y María, mellizas nacidas de dos placentas distintas. La primera de ellas es la narradora. Una narradora parca, poco amiga de las florituras, descreída, fina observadora, tan sobria que a ratos resulta seca. La materia es delicada porque habla de las cosas de su familia. De sus abuelos, sus padres, una tía, sus hermanos (está también Paco, seis años mayor que ellas). El mundo al que se refiere es el de ahora, y sus escenarios son Zaragoza y Épila, un pueblo que dista de allí poco más de 40 kilómetros. Cristina Grande nació en 1962, en Lanaja, Huesca. Tiene el talento de poner una mirada distinta para contar la última temporada de este país nuestro. La mirada de quien llegó a la juventud cuando ya había democracia. No hay margen, por tanto, para grandes planes de futuro.

Cuando la narradora comenta sus estudios de Química dice: “De alguna manera absurda, tenía el convencimiento de que la vida la tenía ya ganada y me importaba muy poco mi currículum y todo lo que tuviera que ver con hacer un esfuerzo suplementario de cara al futuro”. Aunque su madre le hubiera dicho que con la ley del mínimo esfuerzo no se llega a nada en la vida, a Renata como mucho le importaba llegar a “un lugar seguro”.

Vidas ganadas, vidas perdidas. Por la novela van apareciendo las peripecias por las que han pasado sus padres. Una pastelería que da para vivir, luego unos negocios mal manejados, un rumor de fondo de crisis y un presente que se va sorteando con fortuna. Un día se muere el padre. Y todo se derrumba sin derrumbarse del todo.

Cristina Grande va desgranando las cosas que van pasando sin aspavientos. Hay sexo, drogas y películas, pero sin el barullo de una intensidad postiza, ni grandes lecciones para la vida. El amor ocurre y luego se rompe de una manera tonta, como se rompen estas cosas. La heroína que atrapa a una de las hermanas y el sexo rutinario al que se entrega la otra parecen pasajes para un viaje moroso al precipicio. Pero todo el rato están aguantando. La vida atraviesa todas las sacudidas que padece esa pequeña familia de Zaragoza. Dice la narradora que en su familia soportan todo con tal de no reñir. Explica: “La ruptura, la fragmentación, la discontinuidad, la venta de propiedades y la muerte son los mayores pecados”. Pues bien, Naturaleza infiel es justamente eso: una novela de fragmentación, discontinuidad y muerte. Una gran novela. Una novela triste.

08 abril, 2008 

VISITA EL RINCÓN DEL DISTRAÍDO

Entrevista a Cristina Grande en Estrella digit.


 Cristina Grande se adentra en el terreno de la novela con ‘Naturaleza Infiel’

 

La escritora aragonesa, calificada como una autora de culto para selectas minorías, es conocida por sus dos libros de relatos, ‘La novia parapente’ y ‘Dirección noche’

 

Cristina Grande (Lanaja, Huesca, 1962) se ‘enfrenta’ estos días a la promoción de su primera novela, Naturaleza Infiel (RBA), un hecho ante el que no se encuentra especialmente nerviosa, aunque reconoce que no le gustan las fotos, "es lo que peor llevo de todo", dice con tranquilidad en un encuentro con ESTRELLA DIGITAL. Colaboradora habitual de El Heraldo de Aragón , Grande cosechó excelentes críticas por sus dos libros de relatos, un terreno en el que se sentía muy cómoda hasta que le llegó la "presión mediática de la novela", porque, según comenta, "se piensa que el relato es como un aprendizaje, un proceso de rodaje hacia la novela, aunque para mí no lo es tanto". Poco dada a los planes de futuro, la autora aragonesa prefiere "dejarse llevar" por el camino que le marque esta obra y no se plantea -de momento- presentarse a grandes concursos literarios. La literatura no es una carrera, afirma tajante.

 

Esther Ginés

 

Antes de publicar Naturaleza Infiel había probado suerte en el terreno de los relatos, donde la crítica acogió sus obras con muchos elogios ¿Cómo fue su camino hacia la novela?

Yo había publicado estos dos libros, La novia parapente y Dirección Noche , en una pequeña editorial aragonesa, Xordica, que saca unas colecciones muy cuidadas y bonitas.

Es un editor de los de pequeña artesanía, aunque las obras se distribuyen por toda España, eso sí, con unas tiradas no muy grandes. Después del segundo libro llegó el salto al vacío...de la mano de RBA con esta Naturaleza Infiel.

¿Se sentía ‘presionada’ para publicar una novela?

Yo me encontraba cómoda en el campo de los relatos, pero desde el primer libro la gente me animaba a sacar una novela. Hay cierta presión mediática, porque se piensa que el relato es como un aprendizaje, un proceso de rodaje hacia la novela, aunque para mí no lo es tanto.

Yo creo que son dos formas diferentes de escribir, pero bueno, me puse a escribir la obra un poco por los lectores, por la presión editorial y también, cómo no, por un reto personal.

¿Cómo se ve uno en el medio de tanta crítica positiva? La sensación de vértigo suele ser inevitable...

Bueno, para mí es una grata sorpresa, porque hasta que uno no tiene un libro en la calle, por más que amigos y familiares le hayan dado el visto bueno, no pasa la prueba de fuego.

Los lectores, las ventas y las críticas son la clave. Por ahora, estoy tranquila porque las críticas las he recibido por las otras obras...Las de Naturaleza Infiel todavía van a tardar (risas).

Se la ha definido como una autora de culto entre selectas minorías

Más que nada, yo creo que es porque publiqué por primera vez con una editorial pequeña, Xordica, que ya de por sí es una editorial de culto. Sólo publica lo que al editor le gusta, sin tener en cuenta si puede triunfar o no comercialmente.

Yo creo que es por eso, y también porque se tiene la idea de que el relato corto es para minorías...Aunque yo opino que cada vez se lee más y se publica más. Así que lo de culto es relativo (risas).

¿Es difícil empezar desde cero para un autor? Sin premios, sin una carrera periodística que te respalde...

Por supuesto, los premios son una catapulta definitiva. Yo nunca he tenido premios, es decir, no me he presentado a ningún concurso, porque mis relatos siempre eran tan cortos que no cumplían las bases.

Mis libros no son para certámenes. El salir como de la nada es algo muy aleatorio, aunque no podría explicar el motivo, pero ¡ojalá que sea para bien!

¿Cambiará ahora su perspectiva a raíz de la publicación de la novela?

Supongo que sí, aunque mi ambición se centra en escribir mejor, más que en presentarme a concursos. Parecería la progresión lógica de un autor que empieza con buen pie, pero yo soy de la opinión de que la literatura es material muy sensible, no es una carrera tan medida.

Hay muchos factores que giran a tu alrededor, pero lo que puedo decir es que de momento no me lo planteo.

¿Existe un lector al que dirijas tu obra?

No se puede decir, la verdad es que no pienso en un lector en concreto cuando escribo. Uso un lenguaje muy accesible, cualquiera puede leerme, desde los chicos de instituto hasta mi abuela, que era lectora mía hasta que murió...

Hablo de sentimientos, de relaciones, de cosas cercanas y comunes a tanta gente.

Naturaleza Infiel retrata, a través de cortos capítulos, varios años de la vida de Renata narrados en primera persona. ¿Hay elementos autobiográficos en ella?

Sí, sí que los hay, aunque en conjunto hay más datos, hechos concretos...el personaje en sí se parece poco a mí al final. Me reconozco poco en Renata, es más desencantada, más pesimista...

Pero sí se parece en que intenta mantener el equilibrio en su vida, aunque sea precario y trata de salir adelante, de no caer. Yo tengo más suerte que Renata.

La muerte está muy presente en la obra

Así es, la muerte y, sobre todo, el miedo a ella, y la muerte como vacío, ausencia que dejan los que se han ido. Crea un nuevo espacio en la estructura familiar y muchas incógnitas.

También es un misterio y una desgracia, cómo no.

¿Qué lee Cristina Grande?

Muchas cosas, pero sin orden determinado. Bastante relato corto, mucha literatura escrita por mujeres, aunque me apasionan Vila-Matas, Chejov, Raymond Carver, un maestro auténtico.

Me gusta mucho Natalia Ginzburg, que para mí es como la maestra, la que me inspira muchas veces y ella también escribía mucho sobre relaciones, familia...Leo también mucha literatura de viajes, aunque confieso que "tochos" leo pocos, porque no soy tan constante. También leo mucho a mis amigos escritores, como se ve, todo muy arbitrario.

¿Cuáles son los nuevos proyectos que tiene en mente?

Colaboro con El Heraldo de Aragón desde hace seis años y me gustaría recopilar los artículos que escribo semanalmente. Además, me gustaría escribir otro libro de cuentos, quizás en torno al mundo del vino y las variedades de la uva para hacer un mosaico de paisajes, historias y viajes.

En cuanto a la novela...más tarde, o quizás al mismo tiempo que los cuentos, porque me gusta combinar la escritura en dos tiempos.

Se le acerca una época de promoción intensa...¿termina cansando?

Sí, a la larga la promoción desgasta, te dispersa y no te permite concentrarte en otras cosas. También está bien, por otro lado, conocer a gente, las opiniones de otras personas que han leído tu libro, otras ciudades...

Es cansado pero no me disgusta, eso sí, ¡lo peor son las fotos! (risas)

¿Y el contacto con los lectores?

Me gusta; he firmado en ferias, he ido a institutos y a bibliotecas de pueblos y clubes de lectura, donde encontramos a todo el espectro social. Siempre aprendes de la gente, te da visiones de tu obra que no te habrías imaginado y es que no sabes lo que has escrito hasta que los demás interaccionan con ella.

Naturaleza infiel en OnMadrid


Sin adornos ni ñoñerías; seca, áspera incluso, pero capaz de transmitir una potentísima sinceridad. En su primera novela, Grande cuenta la infancia y juventud de Renata, nacida en la españa de los sesenta. Toda una sorpresa

Presentación de Naturaleza infiel en el blog de José Antonio Melendo

Naturaleza Infiel, de Cristina Grande


 

El pasado jueves 27 de marzo a las 20,30h se presentó en Los portadores de sueños , C/ Jerónimo Blancas, 4; NATURALEZA INFIEL (RBA), la última novela de la escritora Cristina Grande.

 

Acompañaron a la autora la diseñadora Ana Bendicho , el editor Malcolm Otero Barral y el escritor y periodista Antón Castro.

 

La vida de Renata, la protagonista de Naturaleza infiel, podría entenderse como la historia de una deriva o de una huida hacia delante, pero nunca como la historia de una rendición. Cuando su padre muere, el orden familiar se trastoca. Y mientras la madre intenta fundar un nuevo hogar, Renata y su hermana María se precipitan. Por momentos, el sexo y las drogas tensan la narración, la despojan de adornos innecesarios, de excusas. Nos sacuden como pocas veces en la literatura moderna.
El destino que nunca llega, los amantes que se suceden, la oscuridad que a veces resulta angustiosa hacen de Naturaleza infiel un texto inquietante y, sin embargo, plagado de luz, lirismo, humor y ternura, con un estilo y un talento fuera de lo común.

 

VISITA EL BLOG DE JOSÉ ANTONIO MELENDO

Ismael Grasa sobre Cristina Grande en el Heraldo, edición de Huesca


FIELES PESE A TODO

Esta semana se presenta el último libro de Cristina Grande, “Naturaleza infiel” (RBA). Cristina Grande comenzó publicando artículos en prensa y era conocida como fotógrafa: suyas son las fotografías de las solapas o de acompañamiento de muchos libros de autores aragoneses, como Ignacio Martínez de Pisón, Félix Romeo, Eva Puyó, Miguel Mena o Javier Tomeo; luego dio a conocer en fotografía y vídeo algunos asuntos suyos, más propios y familiares, con participación en algunas exposiciones colectivas. Hasta que en 2002 publicó su colección de relatos “La novia parapente”, un libro que desde entonces ha sido reeditado en varias ocasiones, las últimas en Xordica. En esos relatos se reveló una voz de narradora inconfundible, una mezcla de crudeza sentimental y lirismo de lo cotidiano, todo con un lenguaje sencillo y un mundo muy identificable. Cuatro años después publicó “Dirección noche” (Xordica), donde continuaba en su línea a la vez que aportaba nuevos asuntos a sus pequeñas ficciones, como es la presencia en ellos de la figura de la madre, un personaje que, en cierto modo, será el protagonista de “Naturaleza infiel”. Durante este tiempo Grande ha alternado la escritura de relatos con la de artículos en este mismo periódico, donde me alegro de ser su compañero. El tono habitual de sus artículos, en el que es común que nos hable de su abuela de Lanaja, ya difunta, o de su primo Alfredo, no es muy diferente del de sus ficciones: un contar la vida a pie de calle, donde se juntan las amapolas estacionales con los bikinis comprados por catálogo, los cumpleaños de los seres queridos con las alergias, siempre con un fondo de emoción, de íntima rebeldía y cierto afán por la elegancia –en su sentido más amplio–, hasta el punto de que se puede decir que Grande ha hecho el papel de mujer dandy de nuestras letras.

          “Naturaleza infiel” es una novela tejida con pequeños capítulos, muy a la manera de miniaturista en el que esta escritora viene desenvolviéndose. Es una novela que leí ayer y que me ha gustado mucho: mantiene el tono brillante de sus relatos, a menudo de un brillo muy negro, de botín muy cepillado, dando lugar a una historia que los unifica y, de alguna manera, los clausura. Si todo escritor necesita ir dejando atrás algo para seguir viviendo-escribiendo, esta novela de Grande parece cumplir esa función, la de dar sentido a una multiplicidad de figuras e historias que iban rondando en torno a su escritura, y a los episodios que han rodeado la vida de la autora en los últimos años. La lectura del libro, su interés, se sostiene en el punto de vista de la autora, en su capacidad de mezclar en un párrafo la tragedia con el humor, el descaro con la ternura: el detalle de una mirada de cortejo amoroso en medio de un cortejo fúnebre, o la observación de que su madre no se ha pintado los labios cuando ha salido hacia el hospital después de una noticia terrible. “Naturaleza infiel” se va haciendo grande a fuerza de asuntos pequeños, como es la crónica de la primera regla de la protagonista, o el cómo cambian las cosas en un hogar con la compra de un lavavajillas. Leyendo “Naturaleza infiel” tengo la sensación de no haber leído antes estas historias, o al menos de esta manera, y de que lo que se cuenta procede del pozo de la realidad.

         “Naturaleza infiel” trata, a través de la vida de dos hermanas y su familia, del hecho de sobrevivir, incluso en un sentido literal. Una de las hermanas sigue la vía del sexo y otra la de la heroína, cada una con sus peligros, en un retrato que se vuelve también una elegía generacional. Pese al título, en el libro hay más valentía que infidelidad, y más urbanidad que naturaleza.

Heraldo de Aragón, Huesca, 25.3.08

Cristina Grande publica Naturaleza infiel, por Antón Castro

Cristina Grande publica Naturaleza infiel

ANTÓN CASTRO.

El pasado sábado, en Yo Dona, leí una nota sobre la primera novela de Cristina Grande (Lanaja, 1962), que iba a titularse Renata y que al final se titula Naturaleza infiel (RBA). Título que me gusta más y que es el título de un capítulo de esta novela que ha contratado el joven y talentoso editor Malcolm Otero Barral. Esta tarde, después de llevar a Sara a las clases de danza de Emilia Bailo, entré como casi todos los lunes en Los Portadores de Sueños. Pregunté por el libro de Cristina y quedaba un ejemplar en el escaparate. Me lo llevé, y ya he empezado a leerlo. 


No puedo definirlo todavía, pero relata una historia de familia, protagonizada por dos hermanas, María y Renata, que viven peligrosamente a veces (la droga, incluso la cocaína, anda por ahí como una tentación; el sexo también), por los padres (él bebía, trasnochaba, debía hacerle un poco la vida imposible a su mujer y murió de un infarto; ella soñó con divorciarse, se reconcilió con él y recomendaba a sus hijas que aprendiesen a ser autónomas. En la tercera página del libro se dice que eran un poco como Vivien Leigh y Clark Gable en Lo que el vieno se llevó), por otros personajes como la tía Genoveva y por unos abuelos bastante particulares, cuando no pintorescos, al abuelo le gustaba la ópera, y pescar porque era “calmoso y taciturno”. La abuela era una indomable matriarca.
 


Por lo que he leído hasta ahora ya he visto que hay muchas cosas que me gustan. Por ejemplo, a pesar de que Cristina y yo somos amigos desde hace veinte años, no sabía que una de sus películas favoritas (en realidad, la de la madre de la hermana que cuenta la historia: Renata) era Cuando ruge la marabunta, con Charlton Heston y Eleanor Parker. La he visto muchas veces y siempre me ha fascinado. Siempre he amado a Eleanor Parker –me ha gustado mucho que Cristina reproduzca algunas frases de sus filosos diálogos: “¿No sabe usted que los instrumentos usados suenan mejor?”, le dice Parker, que ya ha estado casada, a Heston-, y siempre he identificado a Heston con mi padre. Ya sé que no debía haber dicho esto porque el carácter tan conservador y militarista del actor lo estropea, pero eso lo descubrí luego. Me ha hecho ilusión que uno de los capítulos –la novela está estructurada en forma de pequeños capítulos- se llame “Golpes de mar”, como mi último libro de ficciones, y otro “La puta calor”, y que episósidamente evoque a Perico Fernández. 

Cristina Grande es autora de dos espléndidos libros, de prosa miniada y ternura seca: La novia parapente y Dirección noche, ambos en Xordica. Me ha parecido que aquí están los dos, y también idéntica pericia narrativa y además un tenso, rico y turbio friso familiar inequívocamente novelesco.


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18 MARZO 2008